De la mano de la crítica más superficial comienza uno la lectura de América con la idea de que se trata del libro menos kafkiano del autor. Y sí, parece que el escritor se mueve como pez en el agua en un registro más clásico, más optimista, pero no es más que una ilusión, un espejismo, quizás una trampa, simplemente la antesala escogida por el autor para que nos sintamos cómodos.

Un muchacho alemán de 15 años, Karl Rossmann, acaba de llegar a América en un barco. Al parecer fue seducido por una criada, con la que tuvo un hijo, y sus padres lo mandaron a América para que se buscase la vida y se apartara de lo que consideraban una fechoría. Ya empieza el pobrecillo a sufrir los avatares del destino. En el barco conoce al fogonero (El primer capítulo es publicado, en 1913, como relato independiente, con el título de El fogonero), y comienzan una serie de afortunadas casualidades que desembocan en el conocimiento de un tío suyo que ha triunfado en América. Su tío se lo lleva con él a su casa y lo trata como a un hijo, pero esto sucede durante dos meses, porque de buenas a primeras, sin que uno lo espere, comienza la trama kafkiana y Karl Rossmann se ve arrastrado de aquí para allá por una serie de situaciones absurdas e inexplicables.

América (Franz Kafka)

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