Ocho personas —el juez Lawrence Wargrave, la institutriz Vera Claythorne, el aventurero Philip Lombard, el general retirado John MacArthur, la solterona Emily Brent, el playboy Anthony Marston, el doctor Edward Armstrong y el detective privado y expolicía William Blore— reciben una invitación para pasar unas vacaciones en la isla del Negro (inspirada en la isla Burgh).8​ Esta isla se encuentra en la costa inglesa, en la región de Devon. La invitación es sumamente atractiva, ya que se trata de una pequeña isla en la que solo existe una hermosa y gran mansión que fue construida por un millonario estadounidense, quien luego la vendió y nadie sabe hoy quién es el nuevo dueño. A cada uno de los invitados les llega la invitación por carta, firmada por una persona que dice haberlos conocido en el pasado en una situación que para todos es familiar, aunque no recuerdan bien a la persona en cuestión. Sin embargo, todos aceptan gustosos la invitación, ya que la persona que los invita describe detalladamente el lugar y las circunstancias en que los conoció. También porque en la nota aparece como una persona muy afectuosa y amable, y además, por lo irresistible que resulta el pasar unas vacaciones en una mansión tan lujosa situada en un lugar tan hermoso.

Todos llegan a la isla el día señalado, y descubren que sus anfitriones, el señor y la señora U. N. Owen, no se encuentran allí, pero serán atendidos por los sirvientes, el señor y la señora Rogers, que hacen las funciones de mayordomo y cocinera respectivamente, haciendo un total de diez personas en la isla. Rogers y su esposa han sido contratados recientemente y todavía no conocen a sus nuevos señores. Cada uno de los invitados encuentra en su habitación una copia de la canción infantil de los diez negritos enmarcada y colgada en la pared.

Esa noche, durante la cena, los invitados observan diez pequeñas figuras de porcelana, diez negritos, sobre la mesa del comedor. Tras la cena, una grabación les acusa uno por uno de haber sido culpables directa o indirectamente de la muerte de diversas personas en el pasado. Todos (salvo Philip Lombard) niegan su responsabilidad, alegando que las muertes fueron accidentales y que, aunque quisieron ayudar a las víctimas, no pudieron. Entonces, se dan cuenta de que han sido engañados para ir a la isla con diversos pretextos, como una oferta de trabajo o el encuentro con una persona conocida. También descubren que no pueden marcharse, ya que el barco que trae las provisiones y que supone la única comunicación con la costa no puede llegar hasta la isla debido a la tormenta. A partir de ese momento, los invitados empiezan a ser asesinados uno a uno, de forma similar a lo que dice cada estrofa de la canción, y cada vez que alguien muere, una de las figuras de los negritos desaparece. A medida que se van produciendo las muertes, los supervivientes se dan cuenta de que el asesino solo puede ser uno de ellos, mientras que el mal tiempo les impide abandonar la isla o pedir ayuda.

Diez Negritos (Agatha Christie)

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