La lectura es comida. Porque se necesita para vivir humanamente. Y cuando el texto es sagrado, lo humano se diviniza a cada palabra que recorren los ojos y musitan los labios.

La lectura es memoria. Porque conecta al lector con todos aquellos que lo precedieron. De modo que, en ese mismo instante, logra salvar del olvido de la muerte algunas pocas vivencias de amor y gozo, dolor y derrota, reparación y anhelo.

La lectura es rumia. Porque en un punto se necesita volver una y otra vez sobre lo leído para limar las paredes que protegen el misterio tras el que se oculta el sentido de la realidad. Sólo en esa tarea constante, repetitiva y persistente el lector puede ser sorprendido cada día con la certeza de que sigue vivo.

Hueso de aceituna (Erri de Luca)

€ 5,00Price