Cuando al final de sus días le preguntaban en qué consistía su fuerza, solía responder que para él todo en la vida era así y asá, inacabado, vago, insuficiente, y que ese era el verdadero lenguaje de la vida, y no ese otro, refinado, tan elaborado, forzado, hinchado, tan falsamente sabio y en realidad estúpido: toda esa ridícula madurez de la que nos vanagloriamos. Ya hemos entrado en plena materia de su emblemática novela Ferdydurke, obra de vanguardia que se publicó en Polonia en 1937 y que recogió fuerte incomprensión por parte de los adormilados críticos de aquel país. Dos años después, Gombrowicz, el aristócrata que había escrito aquella patraña vanguardista que había hecho nacer una minoritaria pero envenenada secta de ferdydurkistas que iba a extenderse en los siguientes años por el mundo, dejaba su patria para embarcarse en un transatlántico de recreo para conocer América y quedaría –muchos, entre los que se encuentra el propio Gombrowicz, creen que providencialmente– atrapado en Argentina, a causa del estallido de la Segunda Guerra Mundial, atrapado hasta nada menos que el año 1963, cuando tras las primeras críticas favorables a su obra, el escritor polaco, ya enfermo, retornaría a Europa, aunque jamás iba a volver a pisar la ingrata tierra polaca.

Pornografia (Witold Gombrowicz)

€ 4,00Price