Cesária se encajó en el canal del parto. Justo cuando estaba a punto de salir, e rotó y estiró el cuello. Su madre escuchó las explicaciones del ginecólogo dijo: Esta niña tan estirada va para César, la llamaré... Y en ese momento el ginecólogo y la madre casi gritaron lo mismo. Se llamaría Cesária y nacería por cesárea. Pero Cesária no se siente una emperatriz. Es una niña pequeña y arrugada con una madre que corre demasiado y a la que no puede atrapar. Cuando ella muere, Cesária tiene siete años y a partir de aquí crece sola, con un padre ausente, en una casa plagada de marcos digitales que proyectan fotos de su madre las veinticuatro horas del día. Cesária también quiere estar dentro del marco de fotos. En el 2012, con quince años lo intenta, con una sobredosis de paracetamol. Despierta de la sobredosis fallida sintiéndose avergonzada y temiendo una reprimenda.

Vida gastrorresistente (Patricia Haro)

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